2 de noviembre de 2026

El 11 de junio de 1982 tuvo lugar la única visita de un Papa -Juan Pablo II- a la Basílica de Luján. Ese día quedó grabado a fuego en la historia del santuario. Fue una jornada marcada por el barro, el frío persistente y el angustioso clima de la Guerra de Malvinas. San Juan Pablo II se convertía en el primer Pontífice de la historia en postrarse a los pies de la Virgen de Luján.
Aquel viaje no formaba parte de una visita pastoral tradicional. Tras haber visitado Gran Bretaña semanas antes, el Papa polaco Karol Wojtyła organizó una travesía relámpago de sólo 30 horas a la Argentina para dar testimonio de su neutralidad evangélica y traer un mensaje urgente de consuelo y paz a un pueblo profundamente conmovido.
El recorrido papal hasta Luján estuvo cargado de gestos memorables. El Papa llegó a la ciudad en tren: viajó a bordo del coche presidencial que había sido construido en 1954 por la empresa holandesa Werskpoor por pedido de Juan Domingo Perón, quien nunca llegó a utilizarlo. La formación tenía dos camarotes principales, un salón de estar y comedor con todas las comodidades de la época. Ese tren fue restaurado y es parte del Tren Museo Itinerante que en agosto de 2021 empezó a recorrer la provincia de Buenos Aires.
El Papa tuvo una parada en la estación de Morón, donde fue recibido por el intendente local y por monseñor Justo Laguna, quienes le entregaron una plaqueta y una imagen de la Virgen del Buen Viaje tallada en plata, en el andén de la estación.
Al descender en la estación lujanense, ingresó hacia la zona del santuario por la avenida Nuestra Señora de Luján para presidir la histórica misa multitudinaria y entregar la Rosa de Oro a la Patrona de Argentina.
Sin embargo, la anécdota que perdura en el recuerdo popular ocurrió tras concluir la misa. Aunque la seguridad oficial tenía preparados automóviles blindados para el regreso hacia la estación, Juan Pablo II se negó rotundamente a viajar en un vehículo cerrado. Deseaba saludar de cerca a las familias que colmaban las calles. La organización debió improvisar rápidamente: recurrieron a uno de los colectivos de la Línea 501 que trasladaba a la prensa. Se acomodó una silla junto al chofer para que el Santo Padre pudiera asomarse al parabrisas e ir saludando durante todo el trayecto. Aquel legendario Mercedes Benz 1114 se convirtió con los años en una reliquia histórica que hoy se conserva en el Complejo Museográfico Enrique Udaondo.
Aquel día, pese a la llovizna persistente y el frío intenso, las calles de Luján comenzaron a poblarse desde temprano: columnas de fieles llegaban a pie, en colectivos, en trenes desbordados desde la Estación Basílica o acampando desde la noche anterior en los alrededores de la Plaza Belgrano.
A las 16:30 de aquel 11 de junio comenzó la misa. Acompañaron al Papa el cardenal Juan Carlos Aramburu, el obispo de la Diócesis de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich, y todo el Episcopado argentino.
Ante más de un millón de fieles, el Papa pronunció una homilía cargada de ternura paternal y súplica por el fin de la guerra: "Viniendo aquí como el peregrino de los momentos difíciles... A la Madre de Cristo y Madre de cada uno de nosotros queremos pedir que presente a su Hijo el ansia actual de nuestros corazones doloridos y sedientos de paz".
“Desde este Santuario de Luján, dirijo mi pensamiento a todos los que sufren, a los que padecen las consecuencias de la prueba… Que la Virgen Santísima interceda por la paz que la Argentina necesita”, expresó. En otro momento, se dirigió a la juventud: “¡Jóvenes argentinos, no dejéis que el odio envenene vuestras almas!”.
Durante la misa, el Pontífice condecoró a la Virgen de Luján con la Rosa de Oro -distinción pontificia otorgada a los principales santuarios marianos del mundo- y encomendó al cuidado de la Virgen a todas las familias argentinas y a los jóvenes que padecían las secuelas del conflicto bélico.
Las crónicas de la época relatan algunas anécdotas que quedaron para el recuerdo.
El mal tiempo de los días previos transformó varios sectores de la Plaza Belgrano y los accesos ribereños en auténticos lodazales. Cientos de vecinos recuerdan haber dejado tiradas sus botas de goma en la plaza con tal de acercarse unos metros más al paso del papamóvil.
Tras finalizar la misa, las autoridades eclesiásticas le obsequiaron a Juan Pablo II un poncho criollo de lana de vicuña tejido en telares tradicionales. El Pontífice no dudó en tomárselo con una sonrisa y probárselo sobre los hombros por unos segundos ante el delirio de la multitud.
A 44 años de aquel hito espiritual e histórico, el recuerdo de la voz firme y cercana de Karol Wojtyła resonando frente a las torres de la Basílica recobra una vigencia especial, renovando en el corazón de cada peregrino el mismo llamado al encuentro y a la esperanza, de cara a la próxima visita del papa León XVI.
¿Querés revivir ese día? Podes ver estos videos:
https://www.archivorta.com.ar/asset/misa-de-juan-pablo-ii-en-lujan-1982/ (se abre en otra pestaña)
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Esta publicación es de la sede Luján.